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DIÁCONO GUILLERMO ARAYA

MEMORIA AGRADECIDA

Memoria agradecida - Parroquia Santa Cecilia - Comunidad San Pablo

Diác. Guillermo Francisco Araya Hinostroza

Guillermo Francisco Araya Hinostroza, nace el 16 de Abril de 1929. Miembro de una familia de clase media y numerosa, se encuentra por primera vez con el Señor a los ocho años, cuando realiza su Primera Comunión, situación que marca su vínculo definitivo con la Iglesia.

Su familia no era de asistir a Misa, su padre solo una vez al año en Navidad y su madre prácticamente nunca, ya que su labor de criar a una numerosa familia se lo impedía. Pero irónicamente, fue un hijo de ésta familia un tanto alejada de la Iglesia, quien se convertiría en un pilar y un padre de una comunidad cristiana emergente y numerosa.

Después de realizar su primera comunión, continúa participando en la Parroquia San José en Talcahuano, según él mismo comentó una vez, por un empujoncito del Espíritu Santo, quien lo deslumbró con las maravillas de las Sagradas Escrituras. Comenzaba así su vida pastoral alrededor de 1940, participando en la Cruzada Eucarística de aquella época.

En ese tiempo vivó muchas experiencias que lo llevaron a trabajar en labores pastorales que le fueron acrecentando su celo por el Señor, ayudando así a formar una comunidad pequeña, en una pieza de 3x 6 mtrs, donde se reunían a rezar el Santo Rosario. Es así, como colabora en la transformación de una pequeña bodega de vinos en le puerto de Talcahuano en un oratorio, que al pasar del tiempo se fue multiplicando en una numerosa cantidad de fieles que acudían a rezar, junto a una imagen de la Virgen que Don Guillermo se consiguió en donación.

Ya de joven, en 1950 entra a trabajar a la fábrica Bellavista en Tomé, donde ayuda a fundar la Juventud Obrera Católica (JOC). De regreso a Talcahuano y luego de algunos años, en 1971 trabajando ya en ASMAR, conoce a tres compañeros de labores que coincidentemente los unía su amor por el Señor. Sin saberlo, los cuatro comenzarían una importante labor en una futura comunidad que ayudarían a fundar, San Pablo.

Aun en servicio activo en ASMAR, se concentró en la formación de la comunidad San Pablo, apoyados por una comunidad muy cercana, san Geraldo (actual san Esteban), donde conoce a dos diáconos que la dirigían, José cabezas y Enrique Cores, con quién los unió una profunda amistad a lo largo de sus años.

Ellos lo impulsan a prepararse al Diaconado Permanente, lo que realizó en forma muy seria y feliz, apoyado y acompañado de su amada esposa Mercedes y del gran grupo de feligreses que comenzaba a gestar esta nueva comunidad. San Pablo se funda el 29 de julio de 1971, bendecida por el Arzobispo Mons. Manuel Sánchez Berguiristain.

La comunidad fue creciendo enormemente y Don Guillermo se dedicó incansablemente a sus labores como Diácono, con un gran respaldo de quién fuera su amigo y párroco de Santa Cecilia, el Padre Carlos Puentes Figueroa. El siete de Abril de 1987, Chile recibe la hermosa visita de el Papa Juan Pablo II, y dos días después, preside una misa para el pueblo obrero en el Club Hípico de Concepción, donde el Diácono Guillermo Araya es elegido por el Arzobispo para leer el evangelio en la Celebración Litúrgica, siendo además beneficiado junto a su esposa, en recibir la comunión de manos del Papa.

San Pablo ya era una importante comunidad a nivel de la parroquia Santa Cecilia, pero la felicidad que brotaba en esos años, se vio interrumpida por un atentado incendiario, que consumó el templo en una madrugada del 1992. Sin relajarse y con firmeza, Don Guillermo volcó todas sus fuerzas en la reconstrucción del Templo, que significó reunir 14 millones de pesos, lo que logro en solo 3 meses.

Alrededor del año 2000, se le manifiesta el principio de una complicada enfermedad que guardo y sufrió muy en silencio, un parkinson que le estaba avisando que ya empezaba su cuenta regresiva a cargo de la comunidad que fundó, formó y preparó por mas de 35 años, su casa, su hogar, como el la llamaba. En el año 2006, don Guillermo cuelga el alba y la estola, con mucho dolor y nostalgia, se refugia en su casa a ver los frutos de tantos años de trabajo, de esfuerzo y satisfacciones que le regalo al Señor.

Pese a su enfermedad, que en el último tiempo lo mantuvo en cama, siempre y con una lucidez admirable, recordaba a su comunidad, con detalles muy precisos y nombres. Siempre se manifestó agradecido de sus amigos y colaboradores, por quienes desde su lecho de enfermo rezaba, esperando además poder encontrarse cara a cara, con el ser a quién dedicó su vida, Jesús.

Don Guillermo Araya, parte a la casa del padre, rodeado de su familia y cercanos el 11 de marzo de 2010 a la edad de 81 años, en los días posteriores al terremoto. Esta comunidad, su casa le agradece por todo su legado, su generosidad y su entrega. Su comunidad San Pablo sigue adelante, con su recuerdo, su figura y su ejemplo; una comunidad que no lo olvida, porque en cada rincón de ella está impregnado su recuerdo.

Don Guillermo, gracias por todo.


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