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Comunidades de Base
HISTORIA DE LA COMUNIDAD SAN JOSÉ
En el año 1972 y después de una toma de terrenos nace la población El Manzano con aproximadamente 260 familias. Dos años más tarde se realizó una ayuda a 150 niños de este sector en un Comedor Parroquial que fue terminado el año 1979, en la Comunidad Central de Santa Cecilia. Este mismo año se dio inicio a talleres de manualidades en el galpón que existe en la actual Comunidad de San José, donde participaban en su mayoría las madres de los menores que asistían al Comedor Parroquial. Estas mujeres vendían sus trabajos y así generaban recursos para subsistir.
Después de estos talleres se instaló una cooperativa donde se vendían productos de primera necesidad a precio de costo para los habitantes del sector. También se realizaban beneficios para juntar fondos y preparar una buena navidad a niños de la población.
En 1980 la Sra. Carmen Silva de 84 años propuso la idea de rezar el Mes de María y junto con ello sembró la semilla para la creación de la Comunidad San José. Se dio inicio a la preparación para el Bautismo y Primera Comunión de niños y adultos. Jóvenes misioneros se hicieron presentes contribuyendo con apoyo escolar a pequeños y ayudando en la alfabetización de los mayores.
El Párroco de entonces, Padre Carlos Puentes, comenzó a celebrar la Santa Misa una vez al mes, y los domingos restantes se realizaba Liturgia de la Palabra. En 1984 la Ilustre Municipalidad de Talcahuano dio inicio al mejoramiento urbano del sector que consistió en levantamiento de terreno, instalación de alcantarillado con agua potable, electrificación, pavimentación de pasajes e instalación de casetas sanitarias.
Mientras tanto la comunidad continuaba con sus propios desafíos, pero siempre pensando en levantar su propia capilla; para esta finalidad se realizaron beneficios y trabajos en todo el sector, contando con el apoyo de las demás comunidades de la parroquia.
En mayo de 1997 se dio inicio a la construcción de la capilla y en septiembre es entregada con toda su obra gruesa terminada. La comunidad continuó trabajando para la terminación definitiva en noviembre, mes de María. En febrero del 2003 se instaló una escalera de acceso al nivel superior y se recubrió el piso para dar ubicación al coro. En febrero de este año se habilitó la oficina que necesitaba la comunidad.
Sin duda se seguirá recordando por mucho tiempo a quienes participaron en la gestación de la Comunidad San José, tales como el Padre Carlos Puentes, el Diácono Enrique Cores, la Sra. Leonor Giampaoli y familia, quien fuera encargada de la comunidad al igual que la Sra. María Trujillo.
COMUNIDAD SAN JOSÉ
La capilla se encuentra ubicada en Las Palmeras 540 Población Santa Cecilia (Ver Mapa de Acceso)
Hora Santa Miércoles 19:00 / Misa: Domingos 09:30 hrs.
SANTO PATRONO: SAN JOSÉ
Esta fiesta fue instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955, para que -como dijo el mismo Pío XII a los obreros reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro - "el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias". - Fiesta: 1 de mayo. San José, descendiente de reyes, entre los que se cuenta David, el más famoso y popular de los héroes de Israel, pertenece también a otra dinastía, que permaneciendo a través de los siglos, se extiende por todo el mundo. Es la de aquellos hombres que con su trabajo manual van haciendo realidad lo que antes era sólo pura idea, y de los que el cuerpo social no puede prescindir en absoluto. Pues si bien es cierto que a la sociedad le son necesarios los intelectuales para idear, no lo es menos que, para realizar, le son del todo imprescindibles los obreros. De lo contrario, ¿cómo podría disfrutar la colectividad del bienestar, si le faltasen manos para ejecutar lo que la cabeza ha pensado? Y los obreros son estas manos que, aun a través de servicios humildes, influyen grandemente en el desarrollo de la vida social. Indudablemente que José también dejaría sentir, en la vida de su pequeña ciudad, la benéfica influencia social de su trabajo.
Sólo Nazaret -la ciudad humilde y desacreditada, hasta el punto que la gente se preguntaba: "¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?"- es la que podría explicarnos toda la trascendencia de la labor desarrollada por José en su pequeño taller de carpintero, mientras Jesús, a su lado, "crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres". En efecto, allí, en aquel pequeño poblado situado en las últimas estribaciones de los montes de Galilea, residió aquella familia excelsa, cuando pasado ya el peligro había podido volver de su destierro en Egipto. Y allí es donde José, viviendo en parte en un taller de carpintero y en parte en una casita semiexcavada en la ladera del monte, desarrolla su función de cabeza de familia. Como todo obrero, debe mantener a los suyos con el trabajo de sus manos: toda su fortuna está radicada en su brazo, y la reputación de que goza está integrada por su probidad ejemplar y por el prestigio alcanzado en el ejercicio de su oficio.
Es este oficio el que le hace ocupar un lugar imprescindible en el pueblo, y a través del mismo influye en la vida de aquella pequeña comunidad. Todos le conocen y a él deben acudir cuando necesitan que la madera sea transformada en objetos útiles para sus necesidades. Seguramente que su vida no sería fácil; las herramientas, con toda su tosquedad primitiva, exigirían de José una destreza capaz de superar todas las deficiencias de medios técnicos; sus manos encallecidas estarían acostumbradas al trabajo rudo y a los golpes, imposibles de evitar a veces. Habiendo de alternar constantemente con la gente por quien trabajaba, tendría un trato sencillo, asequible para todos. Su taller se nos antoja que debía de ser un punto de reunión para los hombres -al menos algunos- de Nazaret, que al terminar la jornada se encontrarían allí para charlar de sus cosas. José, el varón justo, está totalmente compenetrado con sus conciudadanos. Éstos aprecian, en su justo valor, a aquel carpintero sencillo y eficiente. Aun después de muerto, cuando Jesús ya se ha lanzado a predicar la Buena Nueva, le recordarán con afecto: "¿Acaso no es éste el hijo de José, el carpintero?", se preguntaban los que habían oído a Jesús, maravillados de su sabiduría. Y, efectivamente, era el mismo Jesús; pero José ya no estaba allí. Él ya había cumplido su misión, dando al mundo su testimonio de buen obrero. Por eso la Iglesia ha querido ofrecer a todos los obreros este espectáculo de santidad, proclamándole solemnemente Patrón de los mismos, para que en adelante el casto esposo de María, el trabajador humilde, silencioso y justo de Nazaret, sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo.
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