Parroquia Santa Cecilia


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Santa Clara

Comunidades de Base


HISTORIA DE LA COMUNIDAD SANTA CLARA

La historia de esta comunidad está marcada por el trabajo de bastantes personas, que desde mucho antes de la construcción del templo, lucharon por hacer realidad este propósito. El pasado de esta comunidad contiene también la experiencia de fieles que hicieron aportes fundamentales en el levantamiento de la obra, que colaboraron directamente en la realización y crecimiento de una comunidad hoy viva.

En el año 1943 se realizó una Misión evangelizadora en la población Santa Clara, encabezada por el sacerdote Bernardo Schröer, SS.CC., en compañía de catequistas de Medalla Milagrosa, quienes llegaron por invitación de la señora Uberlinda Tapia.

También comenzó a visitar la población el Padre Juan Bautista Robles, para preparar a quienes lo necesitasen en el Sacramento de la Eucaristía. El primer grupo que se formó fue la Juventud Obrera Católica, que participaban activamente en la comunidad, y que por ese entonces pertenecía a la Parroquia San José de Talcahuano. También se formó un grupo que reunía a los matrimonios pertenecientes a la comunidad y que trabajaban junto a la señorita Marta Machuca.

Entre las personas que hoy se recuerdan por la entrega con que participaron están: la Señora Helia Salgado, Carmen y Rigoberto Muñoz, Linda Bustos, Leonarda, Flor, la familia Basaletti y muchas otros que con su trabajo hicieron posible el surgimiento y desarrollo de esta comunidad.

En 1952 se celebraron las primeras Misas, en diferentes casas dispuestas por los fieles. Allí se improvisaba un altar, donde algún sacerdote presidía la celebración. Posteriormente el Padre René Inostroza arrendó un sitio para celebrar la Misa en un lugar fijo.
En 1953, posterior a una primera compra, se obtuvo el terreno para construir la capilla; en paralelo fue donado un sitio donde hoy se encuentra una de las cedes. En este proceso se contó con el respaldo de distintas religiosas, primeramente las hermanas Catequistas de Boroa y luego las hermanas del Pilar, quienes hasta hoy cumplen una gran labor en nuestra parroquia.

A fines de los años 60 y comienzos de los 70, el diácono Ricardo Muñoz prestó importante servicio a la comunidad, tarea que hoy recae en las manos del Diácono Héctor Ceballos.

Finalmente, el templo se levantó entre el 6 de marzo del 76 y el 25 de mayo del 79, y se inauguró el 22 de octubre del 78. Los aportes económicos fueron hechos por colaboradores alemanes y traídos por el Padre Enrique Geist. La obra también se pudo llevar a cabo gracias al trabajo de la Hermana Ernestina Lillo, el ex Párroco Padre Carlos Puente y la hermana Fátima de las Catequistas de Boroa.
El Padre Enrique Geist asesoró por un tiempo a la comunidad, en tiempos en que ya era párroco el Padre Carlos. Este último siempre procuró mantener a alguien a cargo del desarrollo de la comunidad Santa Clara.

Cuando se construyó la actual capilla el año 1978, con el esfuerzo de la población, surgió el nombre Santa Clara de Asís, fruto del trabajo de todos; antes se llamaba María Goretti. Poco tiempo después de la inauguración se completaron las cedes y la cocina, por medio de aportes y beneficios.

Las personas que hoy sirven en esta comunidad se esmeran por cimentar un camino fiel al Señor, y lograr así, con la gracia de Dios, extender la obra evangelizadora.

COMUNIDAD SANTA CLARA
La capilla se encuentra ubicada en Manuel Bayón 313 Santa Clara (Ver Mapa de Acceso)
Hora Santa Jueves 19:00 hrs. / Misa: Domingos 09:30 hrs.

SANTA PATRONA: SANTA CLARA DE ASÍS
(Fiesta 11 de Agosto "El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre" -Santa Clara)


Hacia el año 1193, una señora muy piadosa llamada Ortolana acude a la Iglesia para rogar al Señor que la ayude en el parto que se aproxima. Entonces oyó claramente estas palabras: “No temas, mujer, porque darás a luz sana y salva, una luz que hará resplandecer con mayor claridad el mundo entero.” Y ocurrió que la primogénita de Favarone Offreduccio nació en su casa, ubicada en la Plaza de San Rufino, en pleno corazón de Asís en Italia, al interior de la familia noble más acomodada de la región.

De aquel parto nace Clara de Asís, una pequeña niña que crece viendo la piedad de su madre y que se priva a escondidas de los alimentos más exquisitos, para repartirlos a los pobres que abundaban en esos tiempos de guerra entre ciudades vecinas. Anhelaba la soledad y la contemplación, aunque no desperdicia la ocasión de animar las conversaciones familiares.

Cuando tenía 15 años, un acaudalado joven de su ciudad llamado Francisco vive una tremenda conversión; mas tarde se convertiría en su guía espiritual y amigo entrañable, San Francisco de Asís. Con él inicia un proceso de discernimiento que culminaría el Domingo de Ramos del año 1212.

Por su bondad, belleza y posición social, tiene que luchar contra las pretensiones de su padre, quien anhela entregarla en matrimonio. Teniendo definida su vocación huye de casa y acude a la pequeña iglesia de Santa María de la Porciúncula, en medio del bosque, donde la hermandad franciscana la esperaba velando en oración. Es ahí donde san Francisco corta su cabellera como signo de consagración. Inmediatamente después la conducen a refugiarse al monasterio de San Pablo, pues no tardará su familia en seguirla hasta ese lugar para recuperarla. Habiéndose resistido a su familia, a los pocos días se traslada al monasterio de Santo Angelo de Panzo, donde es alcanzada por su hermana Inés que ha decidido seguir sus pasos, y nuevamente enfrenta la violenta reacción de su familia. Pero Dios acude en su auxilio, pues su voluntad era ofrecer al mundo dos santas, hermanas en la carne y en el espíritu.

Poco después llegan a un pequeño monasterio considerado hasta hoy como el santuario de la pobreza: San Damián. Se le unirán más tarde amigas de la infancia y jóvenes deseosas de buscar al Señor en la pobreza, el trabajo, la penitencia y la oración contemplativa.
En ese lugar transcurrirán sus últimos 41 años como Abadesa, luchando arduamente para lograr la absoluta pobreza, a tal grado, que sería necesaria la intervención de la Divina Providencia en varias ocasiones. La que se llamaría a sí misma “La Plantita de Francisco”, crecería al interior de esos muros en virtud y belleza; acompañada durante 27 años por una enfermedad, realizando los trabajos más humildes, manifestando señales milagrosas y viviendo la pobreza de Jesús. En efecto, las zorras – dice el mismo Cristo- tienen su madriguera, las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Este Cristo Pobre, despojado de todo por amor, sólo en la cruz encontró el lugar apropiado para reclinarla.

Así fue desde temprana edad, que Santa Clara dió un sentido a su vida - que la llevaría al amado - en cuyo regazo ella finalmente logró reclinar su cabeza, completando su anhelado encuentro.

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